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¿QUÉ ES LA TÉCNICA ALEXANDER?

Publicado por UniRiqueza | Publicado en Autoayuda, Salud | Publicado el 31-08-2010 | Leído 1.871 veces

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Sin saberlo, a lo largo de los años, hemos maltratado y deformado nuestro cuerpo de diversas maneras. El cuerpo nos lo indica haciéndonos padecer dolores de espalda, cervicales, mala postura, dificultades en la respiración, afonías, fatiga, tensión… Síntomas todos ellos de que quizás no lo estamos tratando del todo bien…

La técnica Alexander es un método práctico desarrollado por FM Alexander (1869-1955) que ayuda a mejorar el “uso que hacemos de nosotros mismos”, es decir a tratar mejor nuestro cuerpo. Se trata de poder usar nuestro cuerpo de una forma nueva: en las actividades de la vida diaria, en casa, en la escuela en el trabajo, en el deporte, etc…, reduciendo las tensiones excesivas y mejorando la coordinación, la fluidez en el movimiento, el equilibrio y la respiración. Un viaje apasionante hacia nuestro interior que nos ayudará a deshacernos poco a poco de los hábitos y tensiones que nos provocan desasosiego y malestar.

¿En qué se basa la Técnica Alexander?

Está basada en el principio de que cada uno de nosotros funcionamos como un todo. El profesor enseña cómo aprender conscientemente a prevenir los hábitos que nos perjudican (como por ejemplo: excesiva tensión muscular y esfuerzo a la hora de realizar nuestra actividad diaria). Puesto que estas tensiones o “agarrotamientos” se producen repetidamente a lo largo de nuestra vida, poco a poco los vamos incorporando y se convierten en parte de ella, los hacemos inconscientemente; es decir: nos perjudicamos sin que nos demos cuenta.

El trabajo se basa en detectar exactamente que es lo que nosotros estamos “haciendo de más” para empezar el proceso de “dejar de hacerlo”. (Por ejemplo: en el caso de dolor de espalda, cervicales o afonía, se observa detenidamente dónde se producen las tensiones que originan la disfunción (muchas veces las sobretensiones no se dan solamente en un lugar concreto, (en este caso en el cuello, lengua o labios) sino que también se producen en todo el resto del cuerpo). Se hace descubrir al alumno cómo él interviene en la disfunción (se le hace consciente de ello) y, poco a poco, se inicia el proceso de “dejar de hacer” esas tensiones excesivas que interfieren en el mecanismo del habla para que paulatinamente ésta se vaya normalizando.

En cualquier caso, sea cual sea el problema o la patología el proceso es siempre el mismo: mejora del “uso” general de la persona para que los “síntomas particulares” tiendan a desaparecer.”.

¿En qué nos puede beneficiar la Técnica Alexander?

La técnica Alexander puede ser de ayuda en infinidad de facetas, tantas como personas hay. No se basa en tratar una dolencia específica pero a través del proceso de aprender como cambiar los hábitos que nos perjudican los beneficios terapéuticos son considerables.

Mucha gente acude a un profesor de técnica Alexander por problemas físicos: dolor de espalda, cervicales, escoliosis, tartamudez, afonía o desordenes en la respiración, sólo por nombrar unos pocos; pero otras personas acuden por simple curiosidad, para descubrir algo de ellos mismos en un deseo de desarrollo personal.

Se imparte regularmente en Escuelas de teatro y conservatorios de música en todo el mundo y se considera esencial en el aprendizaje de las artes escénicas y a la hora de hacer presentaciones en público. En deporte se utiliza para aprender a tener mayor consciencia de lo que se denomina “reposo en actividad” y las mujeres embarazadas la usan como ayuda a asimilar los cambios que se producen durante el embarazo.

El éxito de la técnica Alexander está perfectamente documentado y ha sido motivo de diversos estudios científicos que avalan su efectividad.

La Técnica Alexander fue incluida como tratamiento en la seguridad social Inglesa (NHS) en 1996 y numerosas compañías de seguros del Reino Unido la han aceptado como tratamiento contra el dolor. (WPA, Allied Dunbar, Prime Health, Norwich Union).

Origen e historia de la Técnica Alexander

FREDERICK MATHIAS ALEXANDER (Tasmania -Australia- 1869-1955).

F. M. -como cariñosamente se le denomina- era un actor que se especializó en dar recitales teatrales en solitario -disciplina muy popular en la década de los 80 en Australia-. Al cabo de unos años de actuar con cierto éxito empezó a tener problemas con su voz. Después de las actuaciones padecía de ronquera, una situación muy comprometida para cualquier actor pero para un especialista en recitales en solitario desastrosa.

Visitó foniatras y médicos de la época pero nunca obtuvo un remedio duradero. Finalmente, desesperado, cuando le ofrecieron actuar en un recital especialmente importante acudió una vez más a su médico. Éste le recomendó que no hablara en absoluto durante los quince días anteriores al recital. Era una manera de asegurar el reposo total de las cuerdas vocales tan dañadas por el esfuerzo por hablar. Así lo hizo. Cuando llegó la noche del recital, al principio todo fue muy bien, pero poco a poco la ronquera fue apareciendo y al final del recital se había quedado completamente sin voz.

Lejos de desanimarse, el problema le dio fuerzas para investigar qué le había pasado. Concluyó que si había estado dos semanas sin hablar “antes” del recital la causa de la ronquera podía estar solamente en algo que debía haber hecho con su voz “durante” el recital.

alexander-4Con la ayuda de un espejo empezó a observar qué hacía a la hora de recitar. Se dio cuenta que antes incluso de empezar a hablar su cabeza tendía a irse hacia atrás provocando una gran tensión en los músculos del cuello, deprimía la laringe, el pecho se encorvaba hacia delante, tensionaba la espalda y hasta se ponía de puntillas.

En este punto llegó a la conclusión que cambiaría su vida: lo que debía hacer era precisamente “dejar de hacer”. Dejar de producir esas tensiones que le provocaban la pérdida de la voz y que afectaban no sólo a su aparato vocal sino a todo su cuerpo. Cuando conscientemente “dejaba de hacer”, es decir, de interferir con el funcionamiento natural de su cuerpo, este recobraba su equilibrio, coordinación y libertad. Descubrió algo crucial: la indisibilidad del cuerpo y de la mente.

Cuando volvió a los escenarios su presencia, su calidad de voz i de interpretación dejaron anonadados a sus compañeros. Pronto su fama se extendió por toda Australia y, con la recomendación de un famoso médico de la época, se trasladó a Londres donde impartió sus lecciones a una larga lista de actores, médicos y gente de todo tipo que acudía a su consulta. Era conocido como “El hombre que respira” (The breathing man).

A los 75 padeció un derrame cerebral que le paralizó medio cuerpo. Se pensó que su fin estaba ya próximo. Al cabo de año y medio, “sorprendentemente” esta condición era prácticamente inapreciable. Había recuperado la movilidad de su cuerpo y la lucidez de sus ideas. Siguió dando lecciones hasta dos semanas antes de morir, cuando contaba ya con 86 años.

Autor: Xavier Ortíz

Profesor de la Técnica Alexander

Articulista de Enbuenasmanos

www.tecnicalexander.com

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